para documentar nuestro optimismo...

"La verdadera prueba de una inteligencia superior es poder conservar simultáneamente en la cabeza dos ideas opuestas, y seguir funcionando. Admitir por ejemplo que las cosas no tienen remedio y mantenerse sin embargo decidido a cambiarlas." Scott Fitzgerald

viernes, 16 de noviembre de 2012

Vernos a los ojos es parte de la modernidad, tanto como la Internet: Marshall Berman

Vernos a los ojos es parte de la modernidad, tanto como la Internet: Marshall Berman Siglo XXI Editores publica edición ampliada de Todo lo sólido se desvanece en el aire, libro del académico neoyorquino La de México es una hermosa ciudad, amo sus colores, afirma Marshal Berman durante la entrevista con La JornadaFoto Roberto García Ortiz Ericka Montaño Garfias Periódico La Jornada Viernes 16 de noviembre de 2012, p. 5 En 1982 se publicó la primera edición el libro Todo lo sólido se desvanece en el aire: la experiencia de la modernidad. Su autor, Marshall Berman, se encuentra en México para hablar acerca de esa obra, que se ha convertido en un referente para entender el modernismo. En esta visita, organizada por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), unidad Cuajimalpa, el profesor ofreció este jueves la conferencia Todo lo que es sólido... ¿tiene futuro el modernismo?, en la sede de Siglo XXI, editorial que desde 1988 publica el libro, ahora en edición ampliada, con prefacio y posfacio. No es la primera vez que Berman, filósofo marxista, viene al país. Estuvo aquí hace 10 años y creo que también en los 90. Es una hermosa ciudad, amo sus colores, así comienza la entrevista en un café de la colonia Roma. Es una hermosa calle, agrega, y pide un café capuchino. Experiencia vital En la introducción de Todo lo que es sólido se desvanece en el aire, Berman (Nueva York, 1940) escribió: “Hay una forma de experiencia vital –la experiencia del tiempo y el espacio, de uno mismo y de los demás, de las posibilidades y los peligros de la vida– que comparten hoy los hombres y mujeres de todo el mundo de hoy. Llamaré a este conjunto de experiencias la ‘modernidad’. Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos. Los entornos y las experiencias modernos atraviesan toda la geografía y la etnia, la clase y la nacionalidad, la religión y la ideología: se puede decir que en este sentido la modernidad une a toda la humanidad. Pero es una unidad paradójica, la unidad de la desunión: nos arroja a todos en una vorágine de perpetua desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia. Ser modernos es formar parte de un universo en el que, como dijo Marx, ‘todo lo sólido se desvanece en el aire”’. Es un libro que se lee de diferentes maneras, expresa Berman en la charla. “Por ejemplo, un día estábamos en una universidad y un hombre dijo que con mi libro destruí la revolución, no dijo cuál revolución, pero me estaba otorgando poderes mágicos. Decía que antes del libro nos veíamos los unos a los otros, y que ahora sólo queríamos ganar dinero. Yo pensé: ‘¿leyó mi libro? ¿Qué libro es ése?’ De alguna manera debí perdérmelo, tal vez debí hacer dinero con el texto”. Otra forma de leerlo es la de un hombre que una vez lo detuvo en la calle, en el bajo Manhattan. “Parecía un jugador de futbol, vino hacia mí y me dijo: ‘¿usted es Marshall Berman? Conozco su libro’. Le dije: ‘espero que le haya gustado’ y me respondió: ‘Yo estaba en el hospital y su libro me sacó de ahí’. Pensé que eso era maravilloso y me sentí conmovido. Eso sugiere que la gente lo ve de diferentes maneras, el segundo encuentro me conmovió, el primero me dejó completamente intrigado. Pero de alguna manera el libro sigue llegando a las personas. No creo que desrevolucione a nadie, eso es ridículo. El volumen se publicó en 1982, pero no tuvo buena suerte debido a una decisión de la editorial, ya en 1988 logró abrirse paso de nuevo en Estados Unidos, como ya lo había hecho pese a todo en otros países. “Cuando lo escribí era parte de la nueva izquierda, estaba involucrado en los movimientos por los derechos civiles y contra la guerra. Me sentí muy contento cuando terminó la guerra, pero muchos de mis amigos, que fueron líderes en el movimiento mucho más que yo, estaban deprimidos porque la revolución mundial no llegó, eso era lo que esperaban. “Quería mostrar que aun si habíamos perdido en el corto plazo, íbamos a ganar a largo plazo. Quería ayudar a las persons a ver las conexiones que hay entre ellas sin importar que estuvieran separadas por miles de kilómetros. Pero quería mostrar que el deseo de la gente de encontrarse a sí misma y de encontrar su lugar en el mundo. Quería hacer algo realmente grande, mostrar cómo cualquiera en el mundo estaba conectado con el otro. La revolución mundial –¿Eso lo da la tecnología? –Sí, pero de lo que hablo es algo que va más allá: algo que tenemos dentro de nosotros mismos. Necesitamos ser reconocidos, amados, ser capaces de decir te amo, de mirarnos a los ojos, eso es parte de la modernidad, tanto como la Internet. “A veces la gente pierde el camino, olvida de qué es lo que se trata; creo que es cierto, eso significa que tenemos que volver y recordar cómo era antes. Creo que mi libro se mantiene porque la gente es capaz de ver las conexiones que no veía antes. –¿No es una forma inocente de pensar? –No. Creo que cosas como el amor y el reconocimiento son puntos clave. Y en muchas de las cosas sobre las que quise escribir enfatizo eso. Creo que Marx, Baudelaire y los grandes modernistas rusos de los que escribí pensaban eso. Por eso creo que la poesía es tan importante, la poesía del reconocimiento del otro nos acerca. La idea de que la gente puede tener cosas en común con personas que lucen completamente diferentes y que hay algo que comparten. En cierta forma, Todo lo sólido se desvanece en el aire es un libro sobre la revolución mundial: gente de todas partes acercándose. Quiero mostrar que las personas pueden reconocerse en otros y ser capaces de ver y atestiguar que eso importa más que la clase, la raza, el género. Hay quienes dicen que los medios de comunicación han sido tan poderosos que la gente no puede ver a otros y reconocerse a sí misma, pero puede ver fotografías de niños de quienes están separados por miles de millas y sentirlos como si fueran suyos. Necesitamos ser reconocidos y ser capaces de reconocernos a nosotros mismos; eso es lo que importa realmente, dice el autor de The politics of authenticity.

Por qué Atenco no se olvida Adolfo Gilly

Por qué Atenco no se olvida Adolfo Gilly Estudiantes increpan al candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, durante su visita a la Universidad Iberoamericana para participar en un foro donde expuso sus propuestas de campaña, el pasado 11 de mayoFoto Guillermo Sologuren E nrique Peña Nieto fue a la Ibero el viernes 11 de mayo a un encuentro bien preparado y sin problemas previsibles.

Los estudiantes, ellas y ellos, le plantearon sus preguntas; entre otras, qué había pasado en Atenco seis años antes. El candidato dio una respuesta administrativa. No satisfizo a nadie, pero tal vez la habría librado si, antes de irse, no se le ocurre tomar otra vez el micrófono y, a modo de Santo Papa, declarar a voz en cuello: Asumo plena responsabilidad por lo sucedido en Atenco. Los responsables fueron consignados ante el Poder Judicial, pero, reitero: fue una acción determinada en el legítimo derecho que tiene el Estado mexicano de usar la fuerza pública para restablecer el orden y la paz. Mala hora, viernes negro: se armó la de Dios es Cristo. Los estudiantes gritaron y clamaron: ¡Atenco no se olvida!, ¡Atenco no se olvida!, el candidato perdió el aplomo y, perseguido por las voces de los jóvenes, se refugió en los baños, para su esquiva suerte, los baños de mujeres. Las cámaras registraron su expresión de desconcierto y la de quienes lo acompañaban; finalmente atinó a salir por las escaleras entre gritos de: ¡fuera! ¡fuera! ¡fuera!. De ahí nació y se extendió por las universidades y sus alrededores el imprevisto, desparpajado, inencuadrable y desordenante movimiento de los estudiantes: primero de los 131 de la Ibero que dieron la cara, mostraron su credencial y desafiaron a quienes pensaban, tal vez como en Atenco, encontrar culpables para aplicarles el uso legítimo de la fuerza pública; y después de todos los que, atraídos por ese gesto de desafío, se fueron sumando como torrentera para declarar, cada uno y todos juntos, #YoSoy132. * * * El 28 de mayo, como es sabido, tuvo lugar el encuentro con los cuatros candidatos presidenciales en el castillo de Chapultepec, organizado por el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Las crónicas se ocuparon sobre todo de cuanto dijeron los abanderados y mucho menos de los testimonios de las víctimas, sobre lo cual pude escribir en estas páginas. Quiero retomar ahora otro registro de la reunión del castillo: el alegato desafiante y acusador de la señora Trinidad Ramírez, en nombre del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco, dirigido al candidato Enrique Peña Nieto allí presente. Esas palabras, y la actividad tenaz de doña Trini y sus compañeros durante años, hasta lograr la absolución por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la liberación de los 12 presos de Atenco, en julio de 2010, declarados inocentes de toda culpa más de cuatro años después de haber sido encarcelados, explican bien por qué hoy, en mayo de 2012, Atenco no se olvida. * * * Dijo Trinidad Ramírez a Enrique Peña Nieto en el castillo de Chapultepec: En México, los pueblos han aprendido a defender a la madre tierra frente al despojo de los gobiernos que pierden los principios y la moral y se convierten en meros ejecutantes de intereses mezquinos de empresas trasnacionales. Violan la Constitución, humillan la voluntad de los pueblos y cometen toda clase de agravios contra la población que se defiende y se organiza para evitar que su patrimonio y raíces sean exterminados. Cherán, Ostula, Wirikuta, Temacapulín, La Parota y muchas más resistencias se viven hoy en nuestrro país. Todas han recibido como respuesta represión, desprecio, asesinatos, engaños y la descalificación sistemática. Todos los agravios en su contra han permanecido impunes. Atenco es un botón de muestra. Y tú, Enrique Peña Nieto, lo sabes perfectamente. Sabes que en 2001 intentaron arrebatar nuestras tierras para la construcción de un aeropuerto. Como resultado de la defensa legal y legítima del pueblo tuvieron que derogar el decreto que nos despojaba. Siendo gobernador del estado de México, el 3 y 4 de mayo de 2006 tú ordenaste el operativo contra nuestros pueblos. La violencia la provocó tu gobierno. A pesar de haber alcanzado un acuerdo el día 2 de mayo, tú traicionaste y ordenaste golpear a nuestros compañeros en Texcoco. No fue una situación fortuita, fue una venganza planeada de tu parte. Venganza en contra del pueblo que se resistió al despojo de sus tierras. Pretendían desaparecer al Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra para apoderarse de lo que es nuestro, y hoy mantienen vigente esa amenaza. Has repetido que fue tu decisión la que se llevó a cabo en ese operativo, en el que fueron asesinados dos jóvenes: Javier Cortés Santiago y Alexis Benhumea Hernández, (este último) estudiante de la UNAM, a manos de las fuerzas que tú llamas del orden. Tú has reiterado que eres responsable de lo sucedido en Atenco, donde fueron torturadas sexualmente 46 mujeres, entre ellas cuatro extranjeras. Entonces, Peña, eres responsable de dos asesinatos impunes, eres responsable de que una banda de violadores siga actuando al amparo de la policía que tú creaste. Esas son tus credenciales para intentar llegar a la Presidencia. Además de ser ilegalmente detenidos y bestialmente torturados, nuestros compañeros fueron encarcelados. Moviste todos los instrumentos de tu gobierno para condenar a 112 años de prisión a quienes defendieron la tierra. Se tuvo que llegar hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que cabe aclarar que no avaló el operativo, sino que reconoció que hubo tortura sexual y violaciones graves a los derechos humanos. La misma Suprema Corte dictaminó la liberación de nuestros compañeros después de cuatro años de procesos. No fue para ti importante cuántos hijos y esposos sufrieron la impotencia frente al agravio a sus mujeres. Cuántas familias quedaron sin hijos, sin sus esposos y sin ingresos por los años de persecución y cárcel que sufrieron siendo inocentes. No te importó porque el dolor y el sufrimiento de nuestros pueblos es para ti un trofeo. Por eso también nadie ha sido castigado por todos estos delitos, nadie de los tuyos pisó nunca una cárcel. Los muertos, las agraviadas y los presos los puso el pueblo. Intentas tapar el sol con un dedo. Ahora quieres volver a justificar tu imperdonable represión recurriendo a la imagen del policía que fue golpeado. Te recordamos que esa reacción del pueblo fue a consecuencia del cruel asesinato de Javier Cortés Santiago, de 14 años de edad. Las televisoras pasaron una y otra vez la escena de un hecho que no debió ocurrir, indudablemente no debió ocurrir. Pero nunca salió en la televisión cómo golpearon y detuvieron a nuestros compañeros, ni los allanamientos ilegales, ni a nuestros niños rociados con gas lacrimógeno, etcétera. Desde entonces era evidente la nefasta alianza con la manipulación de las televisoras. La brutalidad de tu policía no se debió a excesos individuales. Lo ratifican decenas de organismos e instituciones de derechos humanos nacionales e internacionales. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el Centro Miguel Agustín Pro, Amnistía Internacional, la ONU, la Comisión Internacional, once premios Nobel de la Paz y la Comisión Civil Internacional de Observación de Derechos Humanos, por mencionar algunos, coinciden en señalar el operativo Atenco, en su conjunto, como violaciones graves a los derechos humanos. Esto es lo que el PRI representa. Ustedes tratan al pueblo y sus líderes como delincuentes. Lo hicieron en 1968 y en 1971, en las masacres de Aguas Blancas y Acteal. No importa cuánto quieras deslindar, ese es tu partido. Lo que tú representas es un gobierno prepotente y violento, incapaz de aceptar la crítica y acostumbrado a imponerse por la fuerza y la manipulación. Tu campaña es un peligro para esta nación, sobre todo para los pueblos y para cualquier espíritu crítico y honesto. No venimos a pactar, sino a señalarte y decirte que sabemos que la justicia no vendrá de ustedes, los represores, sino del pueblo. * * * Así concluyó el alegato de San Salvador Atenco en la voz de la señora Trinidad Ramírez, del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, en el castillo de Chapultepec. Poco o nada musitó al respecto Enrique Peña Nieto. ¿Qué podía decir? No hay que olvidar que en la represión de Atenco participó también la Policía Federal por órdenes del entonces presidente Vicente Fox, hoy aliado de Enrique Peña Nieto. El abogado Leonel Rivera, defensor de Atenco, declaró entonces a Emir Olivares y Blanche Petrich (La Jornada, 5 de mayo de 2006): Desde que la movilización popular frustró el proyecto del aeropuerto internacional para defender sus tierras, hace tres años, estaba pendiente un ajuste de cuentas por parte de quienes, dentro de los círculos del presidente Vicente Fox y el ex gobernador Arturo Montiel, perdieron negocios por muchos miles de millones de dólares. Estos intereses no iban a perdonar a los campesinos. Y el miércoles se la cobraron. Está claro, entonces, por qué hoy Atenco no se olvida. #