para documentar nuestro optimismo...

"La verdadera prueba de una inteligencia superior es poder conservar simultáneamente en la cabeza dos ideas opuestas, y seguir funcionando. Admitir por ejemplo que las cosas no tienen remedio y mantenerse sin embargo decidido a cambiarlas." Scott Fitzgerald

domingo, 20 de noviembre de 2011

El desencanto de la democracia Arnaldo Córdova La jornada


El desencanto de la democracia
Arnaldo Córdova

Paulatinamente, estamos regresando a épocas oscuras en las que no se confiaba en las elecciones, porque no se respetaba la ley y el dinero, público o privado, lo ensuciaba todo. En la gráfica, frente a la Bolsa Mexicana de Valores, estudiantes exigen que se destine 2 por ciento del producto interno bruto a educación media superiorFoto Roberto García Ortiz
H
ace una semana, Leonardo Valdés, consejero presidente del IFE, sugirió que en México ha aumentado el desencanto de los ciudadanos con la democracia. Citando datos del Latinobarómetro (encuesta que alguien le recordó), dijo que ha habido una caída de entre 49 y 40 por ciento en el apoyo a la democracia. “Eso significa –dijo– que no estamos satisfechos con una democracia electoral; queremos mayor participación ciudadana, mayor exigencia de los gobernantes. No sólo elegirlos”. Es difícil entender qué quiere decir todo eso para el funcionario, en especial, su rechazo de lo electoral, pero debe dársele razón.

Habrá que citar mejor la encuesta mencionada. En 2010, el apoyo a la democracia fue de 49 puntos porcentuales; en 2011, fue de 40. No estamos entre 49 y 40, como dice el presidente consejero. Estamos en 40, lo que quiere decir que un 60 por ciento de los ciudadanos (encuestados) ha dejado de creer o nunca creyó en la democracia. Latinobarómetro fija las causas de ello en la ola de violencia y la disminución del crecimiento (–1.4 por ciento). A ello hay que agregar que un 14 por ciento preferiría un gobierno autoritario y a otro 36 le da lo mismo.

A la pregunta de qué le falta a la democracia en su país, 55 por ciento de encuestados responde que reducir la corrupción; un 27 por ciento que garantizar la justicia social; un 36 por ciento que aumentar la transparencia del Estado; un 32 por ciento que haya mayor participación ciudadana; un 21 por ciento que consolidar los partidos políticos. Para un 5 por ciento, las cosas están bien como están. Hay un misterio en la encuesta: a la pregunta de si los encuestados aprueban la gestión del gobierno, 59 por ciento respondió positivamente en 2010 y 2011; pero cuando se les pide que digan, en una escala del uno al 10, cuán democrático es el país, dicen que 5.9. Y, pese a una calificación tan mala, aprueban mayoritariamente al gobierno.

Más allá de estadísticas, que nos muestran palpablemente ese descontento de que hablamos, es necesario que dilucidemos las causas y el mismo proceso de deterioro que ha llevado a un enorme sector de la ciudadanía a descreer de la democracia, por la sencilla razón de que no se trata de un hecho que se da y que queda ahí, sino de una responsabilidad de los actores políticos que, persiguiendo rabiosamente sus propios intereses y no respetando normas de elemental convivencia y coexistencia políticas, han acabado por convertir nuestra débil y frágil democracia en un chapoteadero inmundo que a todos decepciona.

Bien miradas las cosas, la democracia en abstracto no tiene ninguna culpa. Ella es un método de organización del Estado que muy pocos respetan y a muy pocos interesa que avance y se fortalezca. Estamos entre los pueblos de América Latina que están dejando de creer en los parámetros democráticos. Paulatinamente, estamos regresando a épocas oscuras en las que no se confiaba en las elecciones, porque no se respetaba la ley y el dinero, público o privado, lo ensuciaba todo. Ahora hay que agregar la peligrosa intromisión de la delincuencia organizada en la vida cívica de una gran parte del país.

Estamos ya en una nueva reedición de aquella vieja contraposición entre democracia y gobernabilidad, pero ahora no sólo como ejercicio analítico o ideológico, sino como percepción clara de una ciudadanía a la que le parece ocioso andarse ocupando de supuestos avances democráticos, cuando la violencia y la corrupción a sus máximos niveles la tienen asediada por todos lados. Es probable, como se afirma, que en Michoacán, por ejemplo, la delincuencia metiera las manos en muchos procesos electorales locales; pero el derroche de recursos públicos, la compra de votos y la amenaza de la violencia no dejaron que esa ciudadanía se pronunciara según sus convicciones, lo que quiere decir que allí la democracia estaba ausente.

Tampoco cabe duda de que los perredistas, al igual que en Zacatecas, perdieron las elecciones por ineptos. No sólo les arrebataron sus bases en bastiones en los que se acostumbraron a ganar, sin ninguna gracia, sino que todo lo hicieron mal desde el principio, sobre todo, cuando eligieron a sus pésimos candidatos y, más atrás y desde luego, gobernando mal.

Parece claro que la democracia ha estado echándose a perder con cada elección que pasa. El comportamiento delictivo de Fox en 2006 fue permitido por el temor de que ganara el candidato de izquierda; en ese entonces, resultó fácil exonerar al presidente y condenar a López Obrador por no aceptar una derrota que se le fabricó desde los altos círculos del poder. En cada elección se despliegan todos los recursos violatorios de la ley sin que a nadie conmueva. El dinero corre en abundancia y corrompe a una ciudadanía empobrecida y golpeada por el mal gobierno y las crisis de dentro y de fuera.

Los partidos no son democráticos, porque son los primeros descreídos en la democracia y no hay uno solo que respete la democracia. Se han acostumbrado a luchar por el botín y a morderse y a ladrarse por los puestos públicos; en su ideario no cabe el mejoramiento del pueblo y el perfeccionamiento del Estado democrático, sino que todo lo ocupan el dinero y los huesos. Y en ello no están solos. Valdés se refirió al hecho increíble de que la pasada reforma electoral no tocó para nada la legislación penal de modo de tipificar en ella los delitos en la materia. El Legislativo, por su parte, parece que ni siquiera lo notó. Este poder es, en gran medida, un responsable principal del deterioro de nuestra democracia.

Por lo que toca al presidente panista, se puede ver lo que le importa la democracia en su comportamiento en las elecciones michoacanas en las que, usando de todo el dinero del Estado, quiso dar el triunfo a su hermana candidata a gobernadora mediante el derroche y la corrupción. Y si no le alcanzó la plata fue porque sus enemigos pudieron más que él en cuanto a malas artes y compra de votos. La manipulación electorera de los programas sociales se dio sin que nadie hiciera nada como no fuese chillar porque los estaban bolseando.

Los propios ciudadanos no están exentos de responsabilidad, pues ellos son los principales hacedores, cuando se da, de la democracia. Cuando ellos la quieren de verdad no hay fuerza que pueda impedir la democratización de la vida política. Cuando, en cambio, ellos se decepcionan de la democracia o deja de interesarles no sólo no puede haber democracia, sino que la vida política misma se descompone y se corrompe. Desde luego, no cabe condenar a nadie porque no crea o no confíe en la democracia y menos al pueblo de ciudadanos, que es el que decide cómo se nos debe de gobernar. Aun inconscientemente se puede decidir y el que la democracia avance es algo que el pueblo mismo debe resolver, a favor o en contra.

Parece increíble, pero estamos llegando de nuevo a una etapa que formó parte de nuestro pasado reciente, cuando considerábamos a la democracia como la utopía a la que muchos querían entregarse. Ahora, después de ser una endeble realidad, la democracia parece esfumárse en la nada y volvemos a la utopía de ayer, cuando deseábamos que la democracia fuera una realidad en nuestro país.

jueves, 17 de noviembre de 2011

El violento silencio de un nuevo comienzo / TRIBUNA: SLAVOJ ZIZEK / El País

El violento silencio de un nuevo comienzo
Los indignados deben resistirse en esta etapa a traducir rápidamente la energía de las protestas en demandas "pragmáticas" y "concretas". Han de evitar debates en campo enemigo y desplegar, en cambio, su propio escenario
SLAVOJ ZIZEK 17/11/2011
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Qué hacer después de la ocupación de Wall Street, de que las protestas que comenzaron lejos (Oriente Próximo, Grecia, España, Reino Unido) hayan llegado al centro y ahora, reforzadas, estén volviendo a extenderse por el mundo? Uno de los grandes peligros que afrontan los manifestantes es el de enamorarse de sí mismos, de lo bien que se lo están pasando en los sitios ocupados. En San Francisco, en una concentración de solidaridad con Wall Street, el 16 de octubre de 2011, se oyó una invitación a participar en la protesta como si fuera una concentración jipi de los años sesenta: "Nos preguntan cuál es nuestro programa. No tenemos programa. Estamos aquí para pasárnoslo bien".

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El sistema es como el gato que sigue andando sin saber que ya no tiene suelo bajo los pies

Los manifestantes deben cuidarse de los falsos amigos que intentan diluir sus protestas

Organizar una feria es barato; lo verdaderamente importante es lo que queda al día siguiente, en qué cambia nuestra vida diaria. Los manifestantes deben enamorarse del trabajo duro y paciente. No son un final, sino un comienzo, y su mensaje fundamental es: se ha roto el tabú, no vivimos en el mejor mundo posible, y tenemos el derecho, e incluso el deber, de pensar alternativas. En una especie de triada hegeliana, la izquierda occidental ha vuelto a sus principios: después de abandonar el llamado "fundamentalismo de la lucha de clases" por la pluralidad de las luchas antirracistas, feministas, etcétera, el problema fundamental vuelve a ser el "capitalismo". La primera lección debe ser: no debemos culpar a personas ni actitudes. El problema no son la corrupción ni la codicia, es el sistema que nos empuja a ser corruptos. La solución no es "la calle frente a Wall Street", sino cambiar este sistema en el que la calle no puede funcionar sin Wall Street.

Queda mucho camino por recorrer, y pronto habrá que abordar los interrogantes verdaderamente difíciles, no sobre lo que no queremos, sino sobre lo que queremos. ¿Qué organización social puede sustituir al capitalismo actual? ¿Qué tipo de dirigentes necesitamos? ¿Qué órganos, incluidos los de control y represión? Es evidente que las alternativas del siglo XX no han funcionado. Aunque la "organización horizontal" de las multitudes concentradas, con su solidaridad igualitaria y sus debates abiertos, resulta emocionante, no debemos olvidar lo que escribió Gilbert Keith Chesterton: "Tener la mente abierta, en sí, no es nada; el objeto de abrir la mente, como el de abrir la boca, es poder cerrarla con algo sólido dentro". Lo mismo ocurre con la política en épocas de incertidumbre: los debates abiertos tendrán que fundirse en nuevos significantes fundamentales, pero también en respuestas concretas a la vieja pregunta leninista: "¿Qué hacer?".

Es fácil responder a los ataques conservadores directos. ¿Son antiamericanas las protestas? Cuando los fundamentalistas conservadores aseguran que Estados Unidos es una nación cristiana, conviene recordar lo que es el cristianismo: el Espíritu Santo, la comunidad libre e igualitaria de creyentes unidos por el amor. Los manifestantes son el Espíritu Santo, mientras que, en Wall Street, los paganos adoran a falsos ídolos. ¿Son violentos los manifestantes? Es cierto que su lenguaje puede parecer violento (ocupación y otros mensajes similares), pero lo son en el sentido en el que era violento Mahatma Gandhi. Son violentos porque no quieren que las cosas continúen como hasta ahora. ¿Pero qué violencia es esta comparada con la necesaria para sostener el buen funcionamiento del sistema capitalista mundial? Se les llama perdedores, pero ¿no están los verdaderos perdedores en Wall Street, y no les hemos rescatado con nuestro dinero, cientos de miles de millones? Se les llama socialistas, pero, en Estados Unidos, ya existe un socialismo para los ricos. Se les acusa de no respetar la propiedad privada, pero las especulaciones que desembocaron en la crisis de 2008 aniquilaron más propiedad privada, ganada con esfuerzo, que si los manifestantes se dedicaran a hacerlo noche y día; baste recordar los cientos de hipotecas ejecutadas.

No son comunistas, si por comunismo nos referimos al sistema que se vino merecidamente abajo en 1990; y recordemos que los comunistas que quedan hoy gobiernan el capitalismo más despiadado que existe (China). El éxito del capitalismo comunista de China es un mal presagio de que el matrimonio entre capitalismo y democracia está aproximándose a un divorcio. El único sentido en el que se les puede llamar comunistas es que les importan los bienes comunes -los bienes comunes de la naturaleza, del conocimiento-, que el sistema está poniendo en peligro. Les desprecian por ser soñadores, pero los auténticos soñadores son quienes piensan que las cosas pueden seguir indefinidamente como están, con meros cambios superficiales. No son soñadores, son el despertar de un sueño que está convirtiéndose en una pesadilla. No destruyen nada, reaccionan ante la autodestrucción gradual del propio sistema. Todos conocemos la típica escena de dibujos animados: el gato llega al borde del precipicio, pero sigue andando, sin saber que ya no tiene suelo bajo los pies, y no se cae hasta que no mira hacia abajo y ve el abismo. Lo que están haciendo los manifestantes es recordar a quienes tienen el poder que deben mirar hacia abajo.

Esa es la parte fácil. Los miembros del movimiento deben cuidarse de los enemigos y, sobre todo, de los falsos amigos que fingen apoyarles pero ya están haciendo todo lo posible para diluir la protesta. Igual que nos dan café descafeinado, cerveza sin alcohol, helado sin grasa, el poder intentará convertir las protestas en un gesto moralista e inocuo. En el boxeo, "abrazarse" es agarrar el cuerpo del rival con los brazos para impedir o dificultar los golpes. La reacción de Bill Clinton a las protestas de Wall Street es un ejemplo perfecto de abrazo político; Clinton cree que las protestas son "en conjunto... algo positivo", pero le preocupa que la causa sea tan difusa: "Deben defender algo concreto, no solo mostrarse en contra, porque, si se limitan a estar en contra, otros llenarán el vacío que han creado", dijo. Clinton sugirió que los miembros del movimiento apoyen el plan de empleo del presidente Obama, que, según él, creará "dos millones de puestos de trabajo en el próximo año y medio".

A lo que hay que resistirse en esta etapa es precisamente a ese deseo de traducir rápidamente la energía de la protesta en una serie de demandas "pragmáticas" y "concretas". Es verdad que las protestas han creado un vacío: un vacío en el terreno de la ideología hegemónica, y hace falta tiempo para llenarlo como es debido, porque es un vacío cargado de contenido, una apertura para lo Nuevo. Los manifestantes salieron a la calle porque estaban hartos de un mundo en el que reciclar las latas, dar un par de dólares a obras benéficas o comprar un capuchino en Starbucks porque el 1% va al Tercer Mundo basta para sentirse a gusto. Después de externalizar el trabajo y la tortura, después de que las agencias matrimoniales hayan empezado a externalizar incluso las relaciones, vieron que llevaban mucho tiempo dejando externalizar sus compromisos políticos, y quieren recuperarlos.

El arte de la política también es insistir en una demanda concreta que, aunque sea totalmente "realista", trastorna la ideología hegemónica, es decir, que, pese a ser factible y legítima, en la práctica es imposible (por ejemplo, la sanidad universal en Estados Unidos). Después de las protestas de Wall Street, debemos movilizar a la gente por esas demandas, pero es muy importante permanecer alejados del terreno pragmático de las negociaciones y las propuestas "realistas". No debemos olvidar que cualquier debate que se haga aquí y ahora seguirá siendo necesariamente un debate en el campo enemigo, y hará falta tiempo para desplegar el nuevo contenido. Todo lo que digamos ahora nos lo podrán quitar (recuperar); todo menos nuestro silencio. Este silencio, este rechazo al diálogo, a los abrazos, es nuestro "terrorismo", tan amenazador y siniestro como debe ser.

Slavoj Zizek es filósofo esloveno. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/violento/silencio/nuevo/comienzo/elpepiopi/20111117elpepiopi_11/Tes

lunes, 31 de octubre de 2011

El nivel de la pobreza en México es uno de los mayores del mundo


Miles de jóvenes quedan en la exclusión social, sin educación ni trabajo, alerta el PNUD
El nivel de la pobreza en México es uno de los mayores del mundo
Científicamente comprobado que la base social de apoyo del narco está en los expulsados del sistema, dice experto
Al decir ninis se oculta que no se dan oportunidades a ese sector, afirma

Alumnos y padres de familia en una escuela de Milpa Alta. No es que los llamados ninis ni estudien ni trabajen, es que no los dejan hacer ni una cosa ni la otra, afirma especialistaFoto Jesús Villaseca
Juan Carlos Miranda
Enviado
Periódico La Jornada
Lunes 31 de octubre de 2011, p. 24
Oaxaca, Oax., 30 de octubre. Los índices de pobreza en México están muy por encima del promedio de América Latina, lo que provoca la exclusión social de miles de jóvenes que no tienen acceso a la educación ni al trabajo y son presa fácil del crimen organizado, advirtió el asesor especial de la Dirección de Políticas de Desarrollo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Bernardo Kliksberg.

Al participar en el Encuentro Empresarial 2011, organizado por la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), el funcionario dijo que entre los pobres de América Latina sólo uno de cada cinco termina la secundaria, requisito sin el cual no son aceptados para trabajar en casi ningún lado.

Está comprobado científicamente que la base social de apoyo del narcotráfico está en los jóvenes expulsados del sistema. En cuanto cortemos realmente la exclusión social del sistema estaremos debilitando la posibilidad del narcotráfico de reclutar jóvenes, destacó.

El especialista argentino sostuvo que la pelea contra el narcotráfico se debe dar en todas las áreas al mismo tiempo: jurídica, legal, policial, etcétera, pero siempre con miras a profundizar la inclusión social.

Cuanto más se democratice México, cuanto más participe la gente, más las políticas van a responder a las verdaderas necesidades.

En una ponencia titulada Valores a cuidar y fortalecer en la construcción de la ciudadanía, destacó que mientras los niveles de pobreza en la región alcanzan en promedio a 30 por ciento de la población, en México llegan a 50 por ciento, uno de los mayores niveles del mundo.

Kliksberg, considerado uno de los principales expertos del mundo en materia de lucha contra la pobreza, criticó que se utilice el término nini para referirse a los jóvenes que ni estudian ni trabajan, pues dijo que esos conceptos sirven únicamente para ocultar que no se ha brindado a ese sector social la oportunidad de acceder a cuestiones básicas para su desarrollo.

“No son ninis; son los excluidos del sistema, y con la terminología nini estamos ocultando que han sido expulsados y excluidos. Nosotros decimos: ni trabaja ni estudia, pero no, no es que ni trabaje ni estudie, es que no lo dejaron hacer ni una cosa ni la otra”, lamentó.

Destacó que las personas en situación de pobreza tienen muchas menores posibilidades de éxito social que quienes no están en esa condición, lo que genera un circulo vicioso que impide la movilidad social.

Un chico pobre no tiene padres que lo estimulen; en muchos casos trabajan. En México hay trabajo infantil a gran escala, y no trabajan porque no terminaron la secundaria. Nadie toma hoy, ni siquiera para puestos de línea en las empresas, a gente que no tenga secundaria completa, expuso.

Agregó que muchos jóvenes indignados en el mundo, como los que han protagonizado manifestaciones en ciudades como Nueva York, Barcelona o Madrid, protestan contra una desigualdad que ha llegado a puntos desorbitantes.

Recordó que el lema de las protestas es: Somos el 99 por ciento, en referencia a que, según cifras oficiales, en Estados Unidos el uno por ciento de la población percibe la cuarta parte del ingreso de ese país, y alrededor de 400 personas poseen una fortuna superior al conjunto de la que tienen 150 millones de estadunidenses, detalló.

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El drama del PRD / Arnaldo Córdova





El drama del PRD
Arnaldo Córdova
A
ntonio Gramsci, el gran revolucionario italiano, apuntaba que un partido político debe ser un intelectual colectivo, con una visión de la sociedad que es y tiene que ser fruto del estudio y del análisis profundo y pormenorizado de la misma. No se trataba de un ente abstracto o figurado, sino del concepto que debe definir la organización partidista como elaboradora de conceptos que sean el resultado de la discusión de todos sus miembros y del acuerdo de los mismos, para empezar, en el conocimiento que entre todos deben producir. El partido no es sólo un órgano para la acción, sino, en primer lugar, para el conocimiento del entorno en el que debe actuar.

Si vemos lo que es hoy el PRD (en realidad siempre lo ha sido), sumido en una profunda miseria intelectual, por falta de cuadros que lo cultiven y lo desarrollen como una organización del talento y del conocimiento, lo que encontramos es la corrupción que el dinero público ha llevado a sus entrañas y la conversión de sus dirigentes en auténticos cazadores de fortuna, logreros y corrompidos que han hecho su modo de vida ocupando toda clase de puestos burocráticos o de elección, activistas ignorantes y pragmáticos que, por ejemplo, cuando llegan a ser diputados o senadores, no pueden hacer otra cosa que calentar la curul. Su tarea más frecuente es la de bloquear o anular a otros cuadros mejor preparados.

El partido gramsciano es también una organización colectiva que busca su perfeccionamiento a través del análisis y el debate. Desde luego, se trata de un partido democrático que permite la circulación de ideas y también de los oficios y los quehaceres; todo ello debe traducirse en un recambio oportuno de sus cuadros dirigentes o su sustitución cuando cometen faltas graves contra la legalidad y la vida interna del partido o, incluso, cuando se destacan nuevos cuadros. Se trata, también, por supuesto, de un partido de izquierda cuya existencia está cifrada en el debate y la discusión. Sólo así puede concebirse la vida interna y el desarrollo institucional de un partido.

El PRD es un partido que no sabe discutir, en gran medida, por una enorme ignorancia de sus cuadros, casi todos ellos activistas que sólo son duchos en la grilla y la cosecha de prebendas, pero carentes de ideas y de cultura. Y no estoy pensando en un partido ideal. A pesar de todos sus defectos, ese era el credo de los antiguos partidos de izquierda y, sobre todo, comunistas. Eran partidos de cuadros. El PRD es un partido de masas, pero con una dirección sumamente burocratizada y oportunista.

Es verdad que ningún partido puede ser en realidad democrático, como lo demostró Robert Michels, uno de los pioneros en el estudio de los partidos políticos, porque en ellos siempre se encumbran oligarquías partidistas que muchas veces es imposible cambiar o derrocar. Gramsci lo sabía y de seguro había observado lo mismo en los partidos comunistas de su época. Pero él postulaba un nuevo tipo de partido en el que, precisamente, el debate y la participación activa de sus militantes pusieran al descubierto y pudieran conjurar cualquier intento de oligarquía partidista.

El PRD ha sido un partido oligárquico desde su fundación. Los cardenistas, acostumbrados al tipo de liderazgo que conocieron en el PRI y, siendo mayoría en la nueva organización, impusieron ese tipo de liderazgo, el cual ha acabado por degenerar en dirigencias corruptas y entreguistas que buscan la liquidación del partido (como solía decirse en lenguaje leninista), entregándolo a la derecha más reaccionaria y pasando sobre toda clase de principios que el PRD haya podido enarbolar.

La esencia de un verdadero partido consiste en el debate hacia adentro y hacia afuera, no la componenda de intereses mezquinos. A través del debate se traza la línea política del partido y su táctica en el campo de la lucha política. El debate ayuda a mantener la identidad política del partido; la componenda y el oportunismo aniquilan toda formación partidista, al grado de que ve como muy natural aliarse con los peores enemigos. Resulta ridículo y grotesco, como hacen los chuchos, alegar que eso es hacer política moderna y superar el primitivismo de la izquierda. Aliarse con el PAN es ir al extremo del espectro político y entregarse sin ninguna ventaja a la extrema derecha.

Un partido es un ente colectivo que envuelve intereses superiores a sí mismo. Los intereses partidistas son, por su naturaleza, intereses parciales que no alcanzan para dar su verdadera identidad. Los verdaderos intereses de un partido democrático y de izquierda son los que identifica, siempre desde su particular punto de vista, como los intereses de la nación; puede estar equivocado, pero en todo caso es algo que lo debe caracterizar: su identidad con la nación, con la sociedad. Se trata de su respuesta particular a los grandes problemas nacionales. Un partido sin una visión fundada y legitimada de los intereses nacionales, es una pandilla de vividores sin más intereses que sus muy particulares, tal y como ocurre hoy en el PRD.

Un partido forma sus direcciones a través de una selección rigurosa de sus capacidades y talentos y, aunque la lucha interna, característica de todo verdadero partido, puede adolecer de una cierta ferocidad, siempre versa sobre lo más adecuado para la solución de todos los problemas, propios y de la nación. Jamás premia la corrupción ni la ineptitud, a riesgo siempre de sufrir derrotas y descalabros sin fin. Cada elección de dirigentes y de candidatos debe estar precedida de un amplio debate sobre la calidad moral y política de quienes aspiran a esos puestos. En ello no pueden permitirse sorpresas ni prácticas corruptas.

En el PRD no hay nada de eso. Anclado en la existencia de tribus y sectas cuyos intereses definen los del partido, sus debates son únicamente para fijar las cuotas que a cada grupo corresponden en los puestos o, como los animales, los mojones de sus territorios. El espectáculo que ha dado hace unos días lo descubre una vez más como una masa informe de gandallas de la peor ralea a los que la idea misma del partido les es totalmente extraña, ya no digamos los pálidos principios inscritos en sus documentos básicos de los que ninguno se acuerda, como no sea para reivindicar sus cuotas de poder y los centavos que les tocan.

Un partido que tiene como uno de sus principales campos de acción la lucha parlamentaria, busca siempre llevar sus mejores cuadros intelectuales y políticos a los órganos legislativos. En un partido enrevesado como lo es el PRD, eso es una vana ilusión. Se ha podido ver a la luz del sol en días recientes. Las dentelladas y los gruñidos son por los huesos. En ningún caso se ha visto que alguien quiera poner un poco de orden en ese panorama desolador que ofrecen las corrientes en contienda. La mayoría de los cuadros perredistas son viejos activistas que no tienen idea de lo que debe ser el partido ni mucho menos del papel que debe desempeñar en el Legislativo.

Un verdadero partido se define por su responsabilidad frente a la sociedad. Un partido así se postula como servidor de esa sociedad; existe para ser instrumento de las aspiraciones sociales y su prestigio en el seno de la misma debe depender del modo en que se ligue a ella y participe activamente en la solución de sus problemas. El PRD existe para sí mismo, lo que quiere decir para satisfacer las ambiciones de sus dirigentes. La sociedad viene a ser sólo la arena en que los perredistas se destrozan por sus mezquindades. Eso es el PRD.

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sábado, 22 de octubre de 2011




Vivimos por los designios de una poderosa elite imperial, quitan y ponen dirigentes a placer, asesinan y mandar eliminar antiguos aliados y adversarios, es delirante la forma en que se organiza el agandalle a nivel mundial, tenemos que resistir y denunciar la barbarie que impone EEUU con sus aliados..

jueves, 20 de octubre de 2011

miércoles, 19 de octubre de 2011

ARTICULOS CRISIS CAPITALISTA

¡Basta!
Gustavo Esteva
T erminó el viernes el ciclo inicial del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Liberado ahora de la carga que imponía el frustrante encuentro/desencuentro con los poderes constituidos, cansado ya de pedir peras al olmo, puede quizás sumarse al movimiento que empezó el 17 de septiembre en Wall Street y así dar más profundidad a su creativa indignación.

El 7 de octubre Naomi Klein dijo a los manifestantes, ahí en la plaza: Mientras en la televisión los expertos se preguntan, perplejos, por qué protestan, en el mundo entero la gente se pregunta: ¿por qué tardaron tanto? Nos preguntábamos si algún día iban a aparecer. Bienvenidos. Y agregó: Tratemos a este bello movimiento como lo más importante del mundo. Porque lo es. Realmente lo es.

Parecen darle la razón los indignados de un millar de ciudades que lo replicaron el 15 de octubre en todo el mundo y los entusiastas que ven en él señas de la esperada revolución mundial en el corazón simbólico de la bestia. Pero muchos, que comparten el entusiasmo, no quieren anticipar vísperas. El filósofo esloveno Slavoj Zizek, por ejemplo, les advirtió: Me atemoriza pensar que un día de éstos nos vayamos a casa y luego nos reunamos una vez al año, frente a una cerveza, para recordar nostálgicamente el buen rato que pasamos aquí. Prometámonos que no será así. Zizek pensaba acaso en la nostalgia de los hippies de los años sesenta, que se reúnen de vez en cuando a recordar lo que pudo ser y no fue, aquel sueño de cambiar el mundo que finalmente se convirtió en otra forma de entrar en él. ¿Pasará lo mismo con los de Wall Street?

Zizek subrayó que el movimiento daba visibilidad a la falta de libertad e inventaba un lenguaje apropiado para hablar de ella. Y dijo otras frases memorables:

El matrimonio entre la democracia y el capitalismo ha terminado.

Nos dicen que somos soñadores. Los verdaderos soñadores son aquellos que piensan que las cosas seguirán siendo como son indefinidamente. No somos soñadores. Somos los que estamos despertando de un sueño convertido en pesadilla.

No estamos destruyendo nada, sino siendo testigos de cómo el sistema se destruye a sí mismo.

Se ha criticado insistentemente la falta de demandas del movimiento. Recojo aquí algunas reacciones de diversos manifestantes anónimos ante esta crítica:

No, el movimiento no tiene demandas. Si las haces estás pidiendo que la gente en el poder y las instituciones hagan las cosas de otra manera. No queremos presentar demandas porque para nosotros el problema está en las propias instituciones.

No, este movimiento no es para pedir algo en particular, sino para exigir que el 99% sea escuchado.

Presentar demandas sería no haber entendido de qué se trata. No es que haya alguna manera específica de arreglar el problema. El punto es que necesitamos unirnos y avanzar juntos en un proceso de cambio.

Más que presentar propuestas de política, la ocupación de Wall Street recuerda cómo debería ser la democracia: una discusión entre personas que buscan consenso, no una colección de urnas.

No estamos desorganizados. Lo que pasa es que hay muchos problemas. ¿Sabemos ya cómo resolverlos? No, desde luego; todavía no. Pero tampoco lo saben el presidente, el Congreso, las corporaciones y todos los poderes constituidos.

Es esto lo que examinan Hardt y Negri. Reconocen que el movimiento da voz a una extendida sensación de injusticia económica: Ha hecho evidente que la indignación contra la codicia de las corporaciones y la desigualdad económica es real y profunda. Pero según ellos es, sobre todo, una protesta contra la falta de representación o su fracaso. “No se trata simplemente de que éste o aquel político o éste o aquel partido sean ineficaces o corruptos… sino de que el sistema representativo mismo es inadecuado. Este movimiento de protesta puede, y acaso debe, transformarse en un genuino proceso democrático constituyente.” Como el de Sicilia.

Hace unos días quienes permanecen en la plaza hicieron una recapitulación: El 17 de septiembre personas de muchas partes del país y del mundo vinimos a protestar por las escandalosas injusticias de nuestra época, perpetuadas por las elites económicas y políticas. Nos levantamos ese día contra la privación de nuestros derechos políticos y la injusticia social y económica. Hablamos, resistimos y ocupamos con éxito Wall Street. Permanecemos orgullosamente aquí, en la Plaza de la Libertad, y nos constituimos como entes políticos autónomos empeñados en una desobediencia civil no violenta y en la construcción de solidaridad basada en el respeto mutuo, la aceptación y el amor. Desde este territorio reconquistado decimos a todos los estadunidenses y al mundo: ¡Basta!

gustavoesteva@gmail.com
http://www.jornada.unam.mx/2011/10/17/opinion/028a2pol

notas sobre el malestar actual en la economía

En dos textos de Richard Sennett La Nueva cultura del capitalismo y La corrosión del carácter el autor aborda los cambios a los que nos enfrentamos en los ámbitos económicos, sociales y culturales en la última década del siglo XX y los primeros años del XXI.

La nueva cultura del capitalismo es posterior a La corrosión del carácter y es la continuación de un diálogo y del análisis que hace Sennett en torno a cómo se vienen organizando las empresas, los managers de éstas, sus ideologos y el capitalismo a nivel global y los efectos que tienen en la vida de la fuerza laboral, osea los millones de empleados que de la noche a la mañana a través de la predica del neoliberalismo se vieron reducidos a miserables peones con poquisímos derechos o sin derechos laborales que se habían consolidado sobre todo a mediados del siglo XX.

Las indagaciones y reflexiones de Sennet nos ofrecen elementos para ubicar parte de los síntomas de la crisis que actualmente padecemos: el cambio de las reglas de juego por parte del capital y los Estados, el desmantelamiento de las políticas de bienestar social, la miserabilización de las condiciones laborales a través de las mentadas filosofías que predican los nuevos empresarios con la flexibilización laboral bajo el credo del neoliberalismo rampante.

Si bien Sennett acota que sus estudios se basan en casos específicos de empleados con quienes desarrollo líneas de investigación sus reflexiones describen perfectamente el actual estado de cambios por el que pasan millones de empleados, empresas, naciones y las relaciones a nivel global.

Hay una infinidad de textos que seguramente nos permitirán construir un horizonte reflexivo sobre lo que actualmente padecemos, uno que también me permitió iluminarme en este terreno es el libro de Bauman intitulado Trabajo, consumismo y nuevos pobres en él se hace un rastreo de la conversión de las decisiones que han tomado los últimos gobiernos para deshacerse de sus responsabilidades sociales, morales y culturales para con los menos favorecidos...

reflexión en construcción

El voraz 1 % Sabina Berman semanario Proceso


El voraz 1%
SABINA BERMAN
18 DE OCTUBRE DE 2011 · 7 COMENTARIOS
ANÁLISIS

Se extienden protestas de "indignados" en Estados Unidos.
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MÉXICO, D.F. (Proceso).- Sonaba hermosa la teoría. El capitalismo y la democracia eran las dos turbinas del jet que trasladaría a la especie humana a los cielos de la felicidad. Una mano invisible regularía las fuerzas del libre mercado capitalista; otra mano invisible regularía la contienda democrática de los partidos políticos. Mientras menos leyes ciñeran la dialéctica del mercado y de la democracia, sería más creativa: las clases sociales desaparecerían porque la desigualdad económica sería pequeña y la de los derechos, nula: estábamos por tanto al borde del fin de la Historia, entendida ésta bajo el concepto marxista.

Suena graciosa en el año 2011 aquella fe, en especial eso de las manos invisibles reguladoras. Resultó que las tales manos eran no sólo invisibles, sino que nunca existieron. Resultó que las clases sociales no sólo siguen existiendo, sino que su distancia se abismó. Hoy el 1% de la población controla el 43% de la riqueza mundial. Hoy el 99% de la población posee apenas un poco más de la mitad de la riqueza. Y de este 99%, el 50% posee escasamente el 1% de la pobreza mundial. Son cifras del Instituto de Investigaciones de la Universidad de las Naciones Unidas y que según Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía, pueden trasladarse, con ajustes mínimos, a cada país del mundo, incluyendo a Estados Unidos, todavía el gran promotor de la democracia y el libre mercado.

En otras palabras, resultó que nuestras democracias se han vuelto plutocracias revestidas de lenguaje democrático. Resultó que en nuestras democracias los partidos políticos se han instalado entre ese 1% de multimillonarios y ese 99% restante, como barreras de contención: no se atreven a tocar los intereses de la élite económica, y más bien se han puesto a su servicio, para aumentar sus ventajas, ya de por sí exageradas. Resultó, por fin, que en las democracias los partidos políticos han dejado de representar y realizar las esperanzas del 99% de la población y luchan entre sí por el puro Poder, a menudo imbricando los cuernos en la lucha y paralizando la vida pública. Como es el caso ahora mismo en México, en Estados Unidos y en los países de la Unión Europea.

Nadie padece las circunstancias tanto como los jóvenes. Educados en la fe democrática, al salir a buscar su lugar en el viejo mundo de los adultos, se topan con una realidad que no corresponde a lo que aprendieron en las escuelas, y que para colmo no tiene espacios promisorios para ellos. El desempleo de los jóvenes ronda el 20% a escala mundial. El empleo en faenas sin porvenir, debe ser aún más alto. Eso y la nueva tecnología cibernética los ha dispuesto a la rebelión contra el sistema de dos turbinas, la supuesta democracia capitalista. La nueva tecnología cibernética que les permite y entrena en una comunicación rápida, masiva, horizontal y sin control central.

“El medio es el mensaje”, escribió Marshall McLuhan en los años sesenta del siglo pasado. Mark Zuckerberg, creador del Facebook, ha dicho más: “Las nuevas tecnologías, y no la política tradicional, serán el elemento que cambiará nuestro mundo”. Podría precisarse: Las nuevas tecnologías cambiarán al mundo y será a su imagen y semejanza, organizándolo en una democracia mucho más horizontal, sin controles centrales. Por lo menos esa es la visión que orienta la organización de los jóvenes de hoy. Armados de iPads, iPhones y Blackberries, los jóvenes están irrumpiendo en el viejo mundo de los adultos para reclamar los intereses de su generación y del 99% de la población.

Jóvenes fueron los que organizaron la rebelión en Egipto este año, derrocaron al dictador Hosni Mubarak y hoy mismo se reorganizan para derrocar el gobierno militar que lo suplió, sólo para calcarlo. Jóvenes son los Indignados de España, que coparon plazas centrales en las ciudades de la Península Ibérica, obligaron al gobierno a medidas de emergencia para disminuir el desempleo, e insatisfechos aún permanecen en alerta para futuras movilizaciones, bajo el lema “¡Democracia real YA!”. Jóvenes son los ocupantes del parque Zuccotti, en los linderos de Wall Street, en la ciudad de Nueva York, que hoy mismo reclaman al gobierno de Barack Obama que actúe para disminuir los privilegios de los banqueros que están hundiendo a Estados Unidos en otra recesión.

Fue en un parque de Madrid donde este año Joseph Stiglitz se apersonó entre los indignados, vestido en unos pantalones caqui y una camiseta verde botella. Uno de los muchachos le alargó un altavoz y Stiglitz lo puso ante su boca para expresar su solidaridad. “Esta economía capitalista no está funcionando”, les dijo el profesor de la Universidad de Columbia. “La equivocación de los gobiernos actuales es luchar contra la recesión acotando el gasto, en lugar de gastar más en causas del bien común”. “Me toca el corazón su energía y hago un voto para que se organice de forma positiva. Hay que saber que a las malas ideas no se les derrota con una pura oposición, sino con buenas ideas”.

Estas son las propuestas de los jóvenes indignados de las democracias occidentales. Mi síntesis deriva de la página que ellos mismos han redactado en Wikipedia. Derecho universal a una vivienda digna, a la salud y a la educación laica y pública. (Es decir, mayor inversión del Estado en las necesidades comunes.) Abolición de los paraísos fiscales y aumento de impuestos a la élite económica. (Es decir, mayor contribución de los más favorecidos al gasto en necesidades comunes.) Disminución de los salarios de la clase política, abolición de sus salarios vitalicios y persecución efectiva de la corrupción. (Es decir, desvinculación entre los ricos y los políticos.) Acceso popular a los medios de comunicación y control de su veracidad. Disminución del gasto en el Ejército y sus armas. Separación verdadera de Iglesia y Estado.

¿Quién no podría estar de acuerdo con los jóvenes indignados en la justicia de estas propuestas? ¿Quién podría negar que buscan democratizar las democracias? ¿Quién objetaría que fortalecerían la convivencia en armonía? Respuesta: sólo ese voraz 1%, que se come medio pastel del bienestar y deja el resto al 99% de la población.

HELGUERA EL UNO POR CIENTO

MAGÚ

http://www.jornada.unam.mx/2011/10/19/index.php?section=cartones&id=0